El hipocrita cinismo de los llamados antisionistas

La cancillería europea sigue considerando ilegal la “ocupación” de los territorios conquistados por Israel, cuando los países que conforman la Unión dibujan sus mapas con tierras ganadas a sangre y fuego, en nombre de derechos que nada tienen que ver con la autodefensa que el estado judío se vio obligado a ejercer durante décadas de guerras con sus vecinos. No hay más que recorrer uno a uno los países de nuestro entorno para reconocer que sus fronteras han sido dibujadas a golpe de espada y cañón.

El propio nombre del Reino Unido desvela su origen imperial que se extendió más allá de la geografía cercana, incluyendo territorios lejanos, como Gibraltar o las Islas Malvinas. En muchos de los países de este entorno aún se debaten los nacionalismos sojuzgados por la ocupación, desde Flandes a nuestra propia península ibérica.

Pero a nadie se le ocurre boicotear, por ejemplo, lo que Rumania produce en Transilvania (una región arrebatada a Hungría), ni (cruzando el charco) exigir la devolución de California a México. El propio presidente actual de los EEUU nació en una isla conquistada enfrentando las lanzas nativas a las armas de fuego. O, por acercarnos a nosotros mismos, ¿a quién se le ocurriría boicotear los plátanos canarios porque España realizó un genocidio definitivo con la población guanche originaria de estas islas?

El problema es sólo cuando el protagonista es Israel. Y eso es muy sospechoso. Entre otras cosas, porque durante los 18 años de ocupación militar de los territorios de Judea y Samaria por Jordania y de la franja de Gaza por Egipto (de 1949 a 1967), no hubo no ya boicot: ni tan siquiera una condena, llamamiento o pronunciamiento por parte de algún organismo internacional.  Sólo cuando Israel es quien toma las armas para defenderse de la aniquilación prometida por ejércitos invasores, entonces sí hay que poner en marcha sanciones y boicotear a la única democracia en la región.

Cuando Rusia conquistó Crimea de los turcos, cuando Francia arrebató Alsacia y Lorena a Alemania, cuando España y Portugal llegaron al continente americano o cuando Europa decidió repartirse la vecina África, los habitantes de los territorios ocupados tuvieron que amoldarse a las condiciones impuestas por sus conquistadores, nunca al revés, como se pretende ahora, cuando los habitantes de las tierras en disputa dictan las pautas y ponen condiciones previas para hablar de su propia independencia.

Todos los pueblos tienen derecho a la autodeterminación y crear un estado propio, menos los judíos (aunque lo obtengan por decisión de las Naciones Unidas). Todos los estados que conquistan territorios en guerras de defensa tienen derecho a decidir sobre el destino de esas tierras, menos Israel. Todo país tiene derecho a definirse como lo proclamen sus habitantes, menos el de aquellos que pretenden que sea un estado judío.

Algo huele mal cuando lo que se acepta a todo el mundo se le niega a una parte. En mi tierra eso se llama discriminación.

Fuente